UN MODO DE CAPTAR LA EXPERIENCIA Y HACERSE CON ELLA

 

Desde que me hice con este instrumento, he deseado teñir mi enfoque baterístico con mis conocimientos en psicología, al igual que en mi profesión, he tratado de extrapolar mis vivencias en la batería. En el momento que Adrián me pidió escribir un artículo para su blog (gracias jefe!) vi que se me presentaba una oportunidad.

 

Ya hay mucha gente estudiando esto, tanto lo que ofrece la música en el desarrollo cerebral y emocional, como lo que se gana con este instrumento concreto, que es la batería. Además de aportar algo de lo que he encontrado, quiero dar mi propia perspectiva, esto es, el vínculo baterista-batería y el modo de entender qué valor tiene para nosotros como músicos este conjunto de percusión.

 

Entre los denominadores comunes que encuentro entre mi profesión y mi otra pasión, está el conectar Mente-Cuerpo, que por un lado, desde el campo de la terapia, lo hacemos integrando el sufrimiento o dolor que manifiesta el paciente en sus síntomas, con sus virtudes, llevando a cabo su solución vital desde su propio poder y yo, como terapeuta, guío y acompaño ese proceso. Parece que aquí no habló de “Mente-Cuerpo” propiamente dicho, pero en el momento que utilizamos técnicas de relajación, hipnosis, neurofeedback… estamos trabajando ese vínculo para que la persona pueda, desde su totalidad, empoderarse de sí misma. En la batería, aunque no necesariamente a nivel terapéutico, ocurre algo muy parecido: aprendemos desde el cerebro para posteriormente, conectarlo con nuestro cuerpo, y ejecutarlo.

 

Cuando trabajamos técnica, coordinación, ejercicios para manos, bombo,  hi hat, rudimentos, grupos de notas, sistemas (ya me he saturado!)  estamos en un principio trabajando desde las notas, es decir, qué significan (duración, lugar, tonalidad) y cómo las ejecuto, algo que hacemos desde la parte de nuestro cerebro que trabaja para procesar los componentes de un aprendizaje, cogiendo todos los detalles posibles y secuencialmente ir dándoles un sentido (“bombo en 1 y 3, y caja en 2 y 4 maestro”). Requiere de tiempo, ya que son procesos muy lentos y que además trabajan aspectos separados, como los mencionados anteriormente y es aquí, valga la pena mencionarlo, donde muchos nos atascamos (mención a un servidor)  como cuando algo nos trilla en directo y pensamos “esto no era así, mierda!!”, nos desconcentramos, caemos y entramos en una histeria rítmica considerable… recemos para que no se haga colectiva (el show no puede parar!!).

Desde muchos estudios se dice y se demuestra que esto lo trabajamos desde el hemisferio izquierdo (generalmente en diestros) que presenta ciertas diferencias neuronales, para trabajar de este modo.

 

Pero luego existe otro tipo de trabajo, fuera del análisis racional y matemático, que es el del sentir. ¿Qué es el groove, sino sentir el ritmo? Cuando tocamos en directo, algo necesario, es desconectar aquella parte de nosotros que juzga y analiza todo lo que ocurre a cada segundo (algo fundamental a la hora de estudiar) para dejar a nuestra parte “inconsciente” o automática que actúe y dé el show, sin dejar de ser nosotros mismos. Un modo de entrenar esto, que mis maestros tan bien me han transmitido, es iniciar un patrón rítmico, y mantenerse, mantenerse, dejarse llevar, hasta que vemos todo de otra forma, nos sentimos ligeramente distintos, y eso ocurre mientras escuchamos como suena todo. En este momento también diferimos al pensar, y desear en algunos momentos un sonido más pesado, o llevar el camino del swing, algo más dinámico, menos contundente… en definitiva, por no irme muy lejos, que tenga FLOW. Aquí, vemos La Batería propiamente dicha, nos convertimos en la base rítmica,  ofrecemos todo lo que somos en ella y nos transformamos en algo más que la suma de notas percusivas, nos convertimos en parte de la música. Los estudios hablan de que el encargado de esta experiencia, está en el Hemisferio Derecho (generalmente en diestros), quien contempla todo como una totalidad, de un modo global.

 

En resumen, podría decirse que donde nuestro hemisferio izquierdo ve notas nuestro hemisferio derecho ve música. Fue a partir de este modo de entender el cerebro y sus funciones (de un modo muy resumido y sintetizado hay que admitir) cuando se me ocurrió la idea que da nombre al artículo. Todo músico y aficionado a escuchar música ha entrado alguna vez de su vida en el eterno debate, que además se sigue preguntando en algunas entrevistas, “¿Técnica o feeling?”. Muchas respuestas (fuera de los grandes maestros, que ya superaron esto hace tiempo) van en torno a “yo disfruto de lo que toco y la técnica no me enseña nada nuevo, no me inspira…” o “se necesita cierta velocidad con calidad para ser bueno en ello…”

Cuando tomamos estas posiciones, entramos en el tremendo error de separar para elegir un bando, cuando siempre formamos parte de ambos. Opino ante este posicionamiento, que podemos convivir con un lado y otro de ese muro nuestro, siempre y cuando confiemos en ellos. A veces habrá algo de frustración para captar aquello que queremos aprender; bajar el tiempo; subdividir; darle, darle, darle… para que cuando entremos en ese terreno del dominio, o al menos del “hacerse con”, pasarlo a nuestro ser automático, que lo disfrute y juegue, pruebe, goce (y nació el groove). Cuanto más permitamos la participación de nuestras dos partes, de modo que progresivamente se vayan entendiendo (conociéndonos en este aspecto) mejor rendimiento sacaremos a nuestra pasión y además, ¡lo pasaremos como críos!

Juan Fernández Labordeta.

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